¡Que suene el huéhuetl y el caracol!
Es Malinalco una cajita de resonancia
de vibraciones,
y sus guardianes,
que somos todos
los que aquí estamos,
juntos vibramos.
Los cerros de agua nos dan cobijo,
nos traen el agua
desde allá abajo.
En el regazo de nuestra madre
-representada en el paisaje-
los cerros de agua
que son sus brazos,
nos dan cobijo.
Cobijo y vida nos da esta tierra,
nos da las plantas para
curarnos...
Se comunica con cada uno y,
a cada uno,
se entrega pródiga, casi impúdica.
Ataja vientos y atrae
al agua;
repite ecos, amplía emociones.
Tiene un lenguaje particular
que no se escucha sonoramente
pero que llega
a cierta parte de la conciencia
que acepta abierta y
totalmente
ese llamado que se ha colado
por entre muros de protección.
“Te llega al alma”, dirían
algunos...
y lo que dice, derrama amor.
Correspondido, hay que admitirlo,
porque ninguno que yo
conozca
que aquí ha vivido,
puede negarlo -que se hace amar...
Todos sentimos ser
sus guardianes,
todos queremos a este lugar
y uno por uno,
y a un tiempo todos,
somos celosos de nuestro “lar”
y no podemos
(y no debemos) imaginar,
que nuestro brazo quieran cortar...
¡que rompa el huéhuetl
a clamar!
Unamos toda nuestra energía
y protejamos a nuestro hogar
de ecos extraños que harán
temblar
a todo el valle
y al rico manto de frescas aguas
van a espantar.
Que no nos partan en dos el llano,
que no desmiembren nuestro
lugar.
Que nos acerquen adonde quieran
(que da cobijo pa' muchos
mas)
pero cuidando que no nos partan,
que no desmiembren este
lugar.
Rosamary Keller
Autopista, si. Por el valle, no.